martes, 12 de enero de 2016

Poema: Loewe




Umbral y su gata Loewe. "Amable fiera, ingenua y niña, sabe más del jardín, del cielo y de la tierra, del mundo, de la naturaleza, que todo lo que nosotros podamos deducir".



La gata y la nieve
FRANCISCO UMBRAL, 2001

Mi gata mira la nieve
y lo que ve es un gato grande y blanco.
Y lo que ve es un gato en copos.
Y lo que ve
son los suaves zarpazos de la nieve,
las delicadas garras de un gran gato.

Un gato frío,
misterioso gato
venido de las azoteas del cielo,
gato de otros tejados sin ratones,
pisada blanda y pura de la nieve,
con su rabo de gato, sus mil rabos
y esos ojos de gato
con que la nieve mira nuestra vida.
Gato recién llegado, inmenso gato,
manos y pies de sigilo y blancura,
bello, soluble gato
que me asusta a la gata
o me la aburre
como acaba aburriendo la pureza.


Loewe
FRANCISCO UMBRAL, 1999

Mi gata Loewe duerme de día en un reclinatorio religioso que fue de la anterior dueña de la casa, o quizá un capricho mío en el Rastro.


Mi gata Loewe desayuna carne fresca o pescado fresco, todo crudo, y me mira con sus ojos de un verde siamés para pedirme un poco de pienso. Loewe es una gata en ocres –de ahí el nombre que le puse-, unos ocres muy elegantes y propios, pero luce medias negras y carita negra con las orejas también negras, abiertas como dos pétalos al rumor del mundo. 

Es el único ser inmortal que he conocido, pues que ignora la muerte. Pero vivimos en tiempos distintos porque yo soy un puro pasar y ella es un puro presente.

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