jueves, 7 de enero de 2016

Entrevista a Umbral, 1970




Dejo aquí esta entrevista a Francisco Umbral de comienzos de 1970. Tenía 37 años, acababa de publicar una novela titulada "Si hubieramos sabido que el amor era eso" (1969) y los ensayos sobre Larra, Valle Inclán, Lord Byron y Lorca y al comentar sus libros le dice al entrevistador que él es "novelista en el ensayo y ensayista en la novela". Hasta hoy, nunca había pensado en esta idea. Dentro de su cabeza andaban revueltas las páginas inéditas de "Las europeas" y "El Giocondo", que publicaría a lo largo de aquel 1970. Y su grito final: "Yo soy desesperadamente autobiográfico".


ABC, Lunes 22 de Enero de 1970

MIRADOR

ESCRITORES AL HABLA: FRANCISCO UMBRAL

ANTONIO R. DE LAS HERAS 

PARA andar por este mundo necesitamos, con la misma urgencia que unos pulmones para respirar, un nombre y unos apellidos. Unos humanos los llevan, nombre y apellidos, como una penosa carga, arrastrando, porque son vulgares, poco sonoros, o sencillamente feos o ridículos; otros, en cambio, los llevan por delante, gozosos y seguros, aprovechando cualquier ocasión para identificarse. Pero tanto unos como otros ven la necesidad para sobrevivir en esta sociedad de respaldar el nombre con definitivos y contundentes títulos profesionales: Fulano de Tal. arquitecto.

Francisco Umbral forma parte de esa minoría en la que el nombre se presenta solo. Francisco Umbral quiere decir: escritor y periodista. La labor periodística, con el cribado del tiempo, difícilmente deja una obra literaria reconocida, más sí un nombre. Umbral es un escritor extrovertido que se vuelca en el trabajo periodístico y en las relaciones sociales.

— Posiblemente el periodismo llegue a quemarme, pero de alguna manera hay que quemarse. Yo me siento tremendamente combustible y no tengo más remedio que arder. Es lo mío. Sigo en el periodismo porque necesito cobrar algún dinero de vez en cuando. El periodismo da algún dinero, poco, pero los libros, mis libros, no dan nada. Por otra parte, me parece que el periodismo es la épica del escritor. El escritor, hombre sedentario, asume su única y máxima actitud épica, activa, ante la vida, haciendo periodismo. El periodismo es un género fronterizo entre la acción y la reflexión. Por eso me apasiona. Además, en fin, un país donde nadie lee libros, el escritor necesita escribir en los periódicos para que le conozcan un poco. 

Se le considera el "enfant terrible" de las Letras españolas; y él asiente y se complace. Trabaja su figura como escritor, estudia la pose y cuida su presencia física. El periódico es para él una favorable tribuna desde donde puede señalar, acusador o irónico, y un escenario que polariza la atención. 

— Yo siempre he tenido la idea de que el escritor español carece de "sexy". Aquí decimos que los escritores franceses son más conocidos de su público, pero la verdad es que casi todos ellos son más presentables que los nuestros. Así, he querido ser un escritor vestido de escritor, no de ejecutivo, que ya hay muchos. Pero últimamente también me estoy cansando de eso y creo que voy a pasarme a la pana y a los suéters, es decir, a la austeridad. Aunque como me conozco y me temo, ya estoy sospechando que esto no sea sino otra postura tan convencional como la anterior. Por otra parte, si el escritor no tiene un sentido crítico del mundo, más vate que no escriba. En literatura no existe la crítica constructiva. Para construir ya están los hombres unidimensionales. La literatura, en esencia, es un poner en cuestión el mundo. La gran literatura está hecha de preguntas. Las preguntas siempre son líricas. Las respuestas no lo son nunca. Por eso no me interesa la literatura de las respuestas, de Aristóteles a Gabriel Marcel, sino la de las preguntas, de Heráclito el Oscuro a Sartre. No se puede empezar a escribir a partir de un estado de gracia, a partir del optimismo. 

Umbral apuntala su actividad periodística, su constante presencia en el mundo social literario, su nombre... con un quehacer literario: biografía y novela, que son sus géneros favoritos o posibles. Raro es el año que no coloca un nuevo libro en los escaparates de las librerías; trabaja mucho y prueba la suerte, en busca de un éxito definitivo. 

— La biografía me atrae mucho porque la literatura es un mundo homosexual donde unos nos enamoramos de otros. Uno, sobre todo cuando es muy joven, se enamora de otro escritor, generalmente muerto, y necesita escribir un libro sobre él. Yo he estado enamorado sucesivamente de Quevedo, Larra, Juan Ramón Jiménez, horca, Valle-Inclán, Ortega, Gómez de la Serna, González-Ruano, etcétera, por hablar sólo de españoles. A algunos de estos escritores les he dedicado libros. Estos amores se pasan o duran toda la vida. Uno acaba, generalmente, traicionando a unos escritores con otros. La segunda razón por la que hago biografía es ésta: si yo publico un libro titulado "Vagos soliloquios de Francisco Umbral”, por ejemplo, no lo compra nadie. Pero si echo por delante a Larra o Valle, o quien sea, para decir lo que a mí me parece del mundo, el libro ya tiene otro interés y a lo mejor se publica. Y así como en la biografía y el ensayo trato de hacer nudismo intelectual y exponer mis ideas, en la novela quiero exponer, contar, estudiar mi vida. Hago novela para conocer mi vida, para saber que he vivido. El ensayo es autobiografía intelectual, y la novela autobiografía vital. En todo caso, creo que soy novelista en el ensayo y ensayista en la novela. Los géneros sólo me importan en función del editor. Yo soy desesperadamente autobiográfico.

Vive en un piso alto, cielo de un Madrid abierto, ¡horizonte! Sobre una amplia mesa hay ejemplares de su reciente novela: "Si hubiéramos sabido que el amor era eso", y una máquina sobre la que teclea Umbral. Está escribiendo un artículo y tengo la oportunidad de observarle. Me asombra la rapidez y las pocas indecisiones con que escribe; y me da la impresión de que el periodismo, para Umbral, tiene mucho de "hacer dedos" y que ensambla muy bien con su inquietud constitucional. Ya firma el artículo. 

— Me parece que en este momento estamos todos cansados, unos de otros, y que hay que inventar algo nuevo. El momento es malo para los monstruos sagrados y propicios para el chico listo, en todos los géneros. Quienes no somos monstruo sagrado ni chico listo, sino quizá "monstruo chico" o "chico sagrado", podemos quedar cogidos entre dos fuegos. Pero tampoco importaría demasiado que nos fuesemos a nuestra casa para siempre. 

¿Pesimista? Mejor rebelde. ¿En qué medida te encuentras identificado com los escritores de tu generación y de tu país? 

— El concepto de patria y de generación es cada ves más amplio. Hay que sustituir el patriotismo del árbol por el patriotismo del pájaro, que es el patriotismo de los aires. La vieja idea de generación, como la vieja idea de patria, son ideas beligerantes. No me siento alineado con nadie en concreto, pero si hermanado con una ancha galaxia joven que hoy flota sobre el mundo. 

Acaba nuestra conversación. Al pasar por el "hall" se me escapa un saludo a un maniquí femenino desnudo que está en un rincón. Cariátide de esa personal construcción que se llama Francisco Umbral. 

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