martes, 19 de febrero de 2019

Libro: Los ángeles custodios (1981)




La ninfa y el cansado escritor
JUAN CILLEROS, 1996


Este libro de Francisco Umbral está mecanografiado durante un cúmulo de noches, ninfas y fuegos imposibles, cuya extensión en el tiempo abarca diez largos meses del año 1.980 (de marzo a diciembre). 


Y empezó a escribir este “Noctuario” como él lo califica, bajo el influjo del lema de Cocteau “la luna es el sol de los muertos”, con el firme propósito de hablar de la noche madrileña, de sus fastos nocturnos y de sus falsos resplandores. Y con una crueldad exquisita de falso cronista maldito, nos describe acontecimientos sociales y culturales de la incipiente movida madrileña capitaneada por Almodóvar en el cine y por Ramoncín en la música.

Sin embargo, el libro está atravesado de lado a lado en su contenido, por un amor joven, libidinoso y drogota; el de una chica con melena de Rimbaud y coño adolescente, bautizada por el autor con el nombre de Mozar. Un andrógino femenino fascinado por “el viejo cuerpo de árbol descortezado y caído” del escritor.

Mozar, como la espada de un ángel rasga las páginas de la existencia del cronista, clavando su luz celeste y a veces sombría en el corazón viejo y enfermo del sinusítico Umbral. El incendio de su pelo, los plieges húmedos de su vagina, la ausencia de sus tetas, su pasión por las drogas y por la masturbación es algo que este Baudelaire madrileño no puede evitar, algo de lo que no puede huir. Y por eso aparece una y otra vez en su diario noctámbulo de gato en celo, este amor imposible entre la ninfa y el cansado escritor.

A pesar de todo Umbral saca brillo a los metales nocturnos de la noche, metales que no son más que la hojalata usada de la costumbre noctívaga de actrices, políticos y pintores desengañados. Sale al encuentro de las culturas nocturnas: El teatro, la prostitución y la muerte, llegando a decir que “la noche es una muerte reiterada que vivimos despiertos”.

Se autoentrevista, riendose de él mismo, se autocalifica de vieja carrozona, practica el ensayo breve sobre Quevedo, Ramón Gómez de la Serna y Dalí, se humilla en farmacias nocturnas pidiendo ovoplex para su ninfa.

Es un cadáver que fornica con una adolescente. Umbral le roba algo que ya no tiene a esta ninfa de la noche que se bebe la vida, ausente de un tiempo futuro. Ellas sólo son el presente continuo donde quisiera instalarse el escritor. 
  
Mayo. Noche 14/15:  “Hay un momento ciego en el amor, lo ciego tiene todas las luces tristes bajo la carne...”

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