sábado, 12 de octubre de 2019

Camilo José Cela




CAMILO JOSE CELA




domingo, 28 de julio de 2019

Los niños de Ruanda



LOS NIÑOS DE RUANDA

Los niños de Ruanda no se visten de letras,
los niños de Ruanda no se visten de cifras,
los niños de Ruanda
están en los hospicios de la nada,
están entre los cielos de la guerra,
están entre las ruinas de ese cielo
y pisan con sus pies de uñas ingenuas
el suelo de su Luna, que es la Tierra.

El cardo y el neumático y el hambre
forman la multitud de sus ciudades,
ciudades que hace el viento una mañana
y deshace a la noche con más viento.
Los niños de Ruanda, en el crepúsculo,
se cuelgan de los cables y las vigas,
de la ruina de un país inexistente,
comen pan con hormigas y con moscas,
comen pan alfabético y escaso
y buscan un chelín entre derribos.

Hay sandalias y estrellas por la senda,
falta un niño al final de sus sandalias,
los niños de Ruanda un día se pierden
y amanecen descalzos, sin planeta.
Los niños de Ruanda van de arcángel,
la enfermedad les pinta mapamundis,
tienen grandes chaquetas de esqueleto
y un botón de abrochar, como un domingo.

Los niños de Ruanda, una mazorca,
una bomba pacífica de mano,
proyectil amarillo que se come,
los niños de la guerra, solitarios,
juegan en el gran día de sol negro
con el juguete inmenso de una guerra.

FRANCISCO UMBRAL

Poema de presentación del catálogo de la exposición "El País de los Niños Perdidos", de Matías Costa, 1999.

sábado, 25 de mayo de 2019

Camilo José Cela




Cela (Breve apunte umbraliano)

En los 40/40, cuando el conservatismo nacional no conserva nada, por ignorancia y por cinismo, Cela pone en pie a los primitivos, el Cancionero de Baena, los clásicos, el barroco castellano, Torres Villarroel y el 98. Cela es el hombre/costura que remedia literariamente el desgarrón de la guerra. Frente a un tradicionalismo ágrafo que desconocía sus propias tradiciones, o las había reducido a paremiología y ropero, Cela entronca con la verdad nacional de todas nuestras lenguas, remontándose hasta el latín estropeado de San Millán de la Cogolla. Cela, hoy, es más que nada una metáfora: la manera que tiene la inteligencia y la cultura de conservar, reentoñando, revitalizando, y la manera que tienen los conservadores de tapar la Puerta de Alcalá con un rascacielos hortera (Torre de Valencia), de desertizar las calles de Velázquez y Príncipe de Vergara, más los bulevares, de Colón a Rosales, en "la gran fiesta de los taladros" (Lorca), para que corran más coches. El esquematismo derecha/izquieda ha impedido estudiar el sentido lúcidamente conservador de todas las izquierdas españolas, siempre más ilustradas que arrebatadas. España, país saltatumbas, tiene una izquierda culta que no se merece. Lo de la "horda" es un invento de la derecha invicta. Escribe Cela y acuden primitivos, toca en su flor de prosa y suenan arciprestes y barojas. (Al margen los metecos sajonizantes.) Así, sonando a siglos, se escribe castellano, anda la Historia.

(Umbral, 1984)

martes, 19 de marzo de 2019

Diccionario




"Diccionario Lírico" de Francisco Umbral:

Haz un CLICK en las palabras para descubrirlas:

A
Abril

Reseña: Un ser de lejanías (2001)




El Cultural, Miércoles 18 de Abril de 2001
Un ser de lejanías

Un ser de lejanías semeja un diario íntimo (quizás sería mejor llamarlo interior) tratado con procedimientos verbales cercanos a la intensidad, esencialidad y gratuidad de la lírica. Es eso que suele calificarse como literatura pura. 

SANTOS SANZ VILLANUEVA 

Los últimos libros de Francisco Umbral (Madrid, tribu urbana y El socialista sentimental) comparten una explícita dimensión cronística, por encima de la particularidad del género que los ahorma, el memorialismo y la novela, respectivamente. En el nuevo fruto de su incesante escritura, Un ser de lejanías, da un giro en apariencia completo. Aquí lo externo apenas consiste en una plataforma sobre la que desplegar un texto sin género específico de un intimismo absoluto, o casi.

La distancia entre estos tres títulos muestra un par de cosas. Por un lado, la versatilidad de un escritor que, desde sus orígenes, ha dado pruebas constantes de moverse con parecido acierto en distintos dominios de la prosa, ya sea la urgencia testimonial, ya la esencialización poemática. Por otro lado, que no existen compartimentos estancos entre las modalidades que frecuenta. En todas ellas se perciben unos hilos que sostienen la globalidad de una forma de entender la literatura consistente en el entrelazado de subjetivismo, autobiografía y fascinación por el idioma.

Con estas vetas sustanciales cuaja un estilo que en otra ocasión traté de definir refiriéndome a un “género unipersonal”. De este modo, los tres títulos arriba citados, siendo tan distintos, resultan cercanos. Sólo el acento puesto en uno de sus ingredientes determina a la postre la cualidad artística de un libro de Umbral. Valga esta explicación para decir ya, sin más preámbulos, que “Un ser de lejanías” intensifica la vertiente lírica. Bajo ella subsume un levísimo valor de crónica de actualidad, más una forma memorialística expuesta en una especie de diario, “o lo que sea”, como apostilla el propio autor.

Dicho de otra manera, “Un ser de lejanías” semeja un diario íntimo (quizás sería mejor llamarlo interior) tratado con procedimientos verbales cercanos a la intensidad, esencialidad y gratuidad de la lírica. Es, en su mayor parte, eso que suele calificarse como literatura pura, y enlaza, en la trayectoria de Umbral, con la elegía por el hijo, “Mortal y rosa”, y el homenaje a la madre, “El hijo de Greta Garbo”. Hasta cabría sospechar que añade ahora el capítulo que faltaba para formar con estas dos obras una trilogía familiar distanciada por los años.

Sería, visto así, el episodio referido al padre, el propio Umbral, en sus arrabales de senectud, por decirlo a la manera manriqueña recordada en el texto. El personaje surge enfocado desde el latido del paso del tiempo y sus consecuencias, el triunfo vano (gozoso e insatisfactorio) y el miedo intranquilizador. El estremecimiento ante el tiempo me parece el motivo más importante del día a día. La temporalidad, uno de los temas poéticos por excelencia, intemporal y universal, nutre este libro que viene a ser un poemario en prosa; o, si se quiere, poesía auténtica despojada incluso de la rémora del verso, como en el proyecto final de Juan Ramón Jiménez, a quien se cita, y no por casualidad, varias veces.

Otro bloque fundamental de asuntos del diario aborda cuestiones artísticas. Insiste Umbral en conocidas posturas suyas planteadas con su habitual criterio excluyente. Rechaza rotundo el interés de los contenidos, no sólo en las letras, también en las artes plásticas o en la música. Reniega del realismo. Alaba la “literariedad” con el apoyo de una peculiar lectura del formalista ruso Jakobson. Hace un encendido elogio de la metáfora. Y, en fin, proclama un ideario personal: “he aspirado a escribir la escritura”, dice.

La suma de estos principios, esta “poética” umbraliana, cobra plasticidad anecdótica en el pasaje en el que explica cómo ha ido desterrando los cuadros figurativos, con historia, de las paredes de su casa y los ha sustituido por pintura abstracta. “Un ser de lejanías” es coherente con esta perspectiva; casi, incluso, viene a ilustrarla. Breves pasajes toman pie en un pretexto, a veces nimio, para desplegar un metaforismo caudaloso.

Merece la pena anotar la raíz de la mayoría de estas metáforas. Guía al autor el propósito confeso de asociar realidades lo más distantes posibles, pero no son, por lo común, resultado de un ejercicio intelectual. Al contrario, predominan las metáforas casi inmotivadas, subconscientes, oníricas a veces. Surgen así asociaciones inesperadas, reveladoras; tan extrañas algunas como hermosas. Un paisaje, una mujer o una sensación se convierten, por medio de comparaciones o sinestesias, en imágenes inusitadas; vigorosas, emocionantes y cálidas, además, porque no proceden del cálculo frío de la razón sino de la alquimia verbal o de la intuición.

De este modo, Un ser de lejanías cumple en buena medida la ambición de convertirse en literatura en estado puro. De ello da fe una parte del libro, con secuencias tan redondas y admirables como la que lo abre. Otros pasajes, en cambio, aún conservan algo del peso anecdótico. Podría haber sido el autor más radical y haberlos suprimido. Sobran, desde este punto de vista, las cenas con Cela y los comentarios sobre su personalidad, por ejemplo. Son obstáculos para esa suprema meta de presentar una creación autónoma, valiosa por sí misma y no por contraste con un referente ajeno. Que es lo que se alcanza en la mayor parte de este gran libro: creativa y novedosa expresión verbal depurada de casi todo lo que no sea el sentimiento y la emoción decantados.

domingo, 17 de marzo de 2019

Tres portadas de Magritte



Umbral y la falsa portada de Magritte
JUAN CILLEROS


Desde que Umbral se fue en aquel verano del 2007, a veces me da por imaginar como sería su nuevo libro, su nuevo diario. Y leyendo mis cuadernos de notas "umbralianos" apareció este título "Elogio de noviembre" y me gustó por lo que sugiere: el paso del tiempo y sus remansos de niebla y luz. 

Cómo escribió Umbral:

"El título de un libro, si es acertado y exacto, o vagamente sugerente, encierra todo un proyecto de vida, de labor, toda una orientación, una iluminación, y por eso somos partidarios de empezar por el título, que es, en sí, todo un programa de trabajo. Si no tengo título no empiezo a escribir".

Así que me imaginé que éste podría ser el título de su nuevo diario y elegí para la portada del libro, un cuadro de Magritte, "La belle societé" (1966) pintada por el artista poco antes de morir, ya sé que la idea no es muy original por que "Un ser de lejanías" (la primera edición) tenía un cuadro de él, pero el hombre tocado con un bombín y sin rostro, alter ego del propio Magritte me sigue fascinando.

Para crear el libro "Elogio de noviembre" he ido recopilando textos que Umbral fue publicando en El Cultural en su sección "Por el camino de Umbral" durante los años 1999-2001, pero cuando vuelvo a leerlos sé que le faltan algo (tal vez el tono sombrío y hondo) para poder formar parte del diario crepuscular de los últimos años de Umbral.

Así que los lectores de Umbral tendremos que esperar a que algún día se publiquen sus "papeles inéditos" para volver a leer su prosa poética, cansada y ensimismada con el idioma.

martes, 12 de marzo de 2019

Elogio de noviembre




"Elogio de noviembre" de Francisco Umbral es el título del último diario que escribió el escritor madrileño en su famosa Dacha durante sus últimos años. Umbral ya se había retirado de la vida cultural debido a problemas de salud y plasma en estas páginas sus reflexiones más íntimas y sinceras consigo mismo.

Este diario permaneció inédito todo este tiempo y sólo ahora sale a la luz, después de que apareció olvidado en una de sus carpetas azules.