miércoles, 11 de marzo de 2026

Raúl del Pozo







La prosa y la prisa, el periodismo literario de Raúl del Pozo es elogiado por Umbral que ya sabía que él sería su sucesor porque era la literatura en la calle (y su ruido)


El Mundo, lunes 21 de abril de 2006

Los placeres y los días

La raza


Una felicitación no debe convertirse nunca en una autobiografía.

Todos querríamos ahora aprovechar la alborotada vida de Raúl del Pozo para contar la nuestra, porque Raúl tiene todo un café de amigos, el Gijón, y sin duda es el superviviente más activo y brillante de los que quedan en todo el paseo de Recoletos.

Bueno, lo que tiene Raúl, más que nada, es todo un paseo de amigos y toda una mani de admiradores. 

Aunque él no quiera, es el heredero más vivo y vivaz que nos queda de cuando entonces. 

A Raúl, ya saben, le han dado el Premio González-Ruano de periodismo.

No quisiera uno incurrir en el artículo de homenaje, café copa y puro retóricos, sino escribir como Raúl, que va directo a la cosa y se diría que todo lo ha escrito en las barras de los bares para no caer en el retoricismo de los que usan despacho de escritor con tintero de Quijote sobredorado. 

El primer artículo madrileño de Raúl del Pozo lo leí en Informaciones y creo que ya estaban ahí todas las mineralogías de un prosista que rompe continuamente las costuras de la prosa para sorprendernos con un desgarrón.

En aquel reportaje había más literatura que periodismo y más crítica que épica. 

Efectivamente, desde entonces no ha dejado Raúl de ser un periodista literario, que se dice a sí mismo más tentado por la prosa que por la prisa. 

Raúl y yo nos hemos emulsionado muchas veces por el descubrimiento de una palabra o de una señorita, que con frecuencia era la misma. 

Pero por debajo o por delante de este ideólogo de barra de bar está la raza política de Raúl, que él no ha exhibido en exceso, pero que es lo que presta mecha y beligerancia a sus artículos, reportajes o lo que sean. 

Porque esta dualidad política/literatura es la que mantiene tieso a nuestro amigo e incluso mantendría tieso a su abrigo si le regalasen uno, como a punto estuvo de ocurrir cuando la noche madrileña era más Valle-Inclán que Amigos de la Opera. 

Alguna vez me he puesto a hacer artículos sin literatura y les aseguro que cuesta. 

En esa pugna con la literatura desde las rutas de la política es donde se depura y triunfa Raúl del Pozo desde que somos amigos, desde que vino a Madrid, desde que escribió el primer artículo con raza. 

Tiene tal raza de escritor que le sale hasta pidiendo un vino o explicando la corrida de toros de esa tarde. 

No diríamos que al escritor lo ha hecho su mujer, porque su mujer, Natalia, es italiana y muy callada, pero es una soledad que acompaña, la verdadera lámpara del escritor. 

Ha recorrido Raúl todo el periodismo madrileño, incluidos los medios más mediáticos, sin perder nunca esa raza de hombre de buen dejo. 

Le dan este premio del inolvidable César para que no se le olvide la orfebrería de la prosa. 

Tiene por amigos a los cómicos como antes tenía a los toreros. 

Siempre un gremio con lenguaje propio en el que se enriquece por instinto, hasta volver a su propia manera. 

Si un día se hace amigo de los académicos no será tanto por la Academia como por los academicismos que volvería del revés. 

Este sí que sería un renovador como fue un buen amigo de Cela. 

Raúl es la literatura en la calle y se expresa mediante titulares. 

Había que dárselos, claro. 

Todos los premios, me refiero. 

Pero éste el primero.


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