domingo, 20 de agosto de 2017

Libro: Las ninfas (1976)



Libro

Libro: Madrid, 1940 (1993)



Libro

Libro: Nada en el domingo (1988)




"Nada en el domingo" (1988) una novela nihilista, poética y violenta en un Madrid nocturno y sonámbulo. El mejor Umbral narrando "cine negro" en la biblioteca de bolsillo de Seix Barral.

Recuerdo de este libro aquel Madrid vacío/lleno de peligros nocturnos y el cuadro de Antonio López en la portada.

jueves, 17 de agosto de 2017

Columna: Enero, frío, Damaso





El Mundo, Lunes 28 de Enero de 1990

Enero, frío, Damaso

FRANCISCO UMBRAL


ERA media mañana, había eneros traidores por todas las esquinas, había una luz de entierro y día corriente. «Dámaso muerto no se parece nada a Dámaso vivo», me dice Cela.

La dulce y lúcida turba de la inteligencia, en torno de Eulalia Galvarriato, manzana de muchas cosechas, que ayer tarde nos decía versos de Dámaso con gentil estilo. Manuel Alvar, Buero Vallejo, Alvarado, Pinillos, García Gómez, el duque de Alba, Rafael Alberti, de negro, sentado, callado y cansado, como un ángel golfo, príncipe y huérfano de una generación de oro, la suya, que le deja solo.

Gregorio Salvador, Luis Rosales, Zamora Vicente, Laín. La turba chapada y noble de la palabra.

En la calle, coronas de una muerte barroca, española, televisiones, Elena Quiroga, el libro de firmas (y qué firmas) y ese jaleo de furgones en que consiste la muerte. Enero, frío, Dámaso. La barca caoba sobre hombros como olas duras y extrañas. Un aplauso triste y vecinal, como una floración que enero quiebra, cuando el furgón se va.

Desaparecido Dámaso, soy el quinto en veteranía de la Academia, o sea en edad -me dice Cela en el taxi.

-La edad es sólo un concepto, Camilo.

Parque inmenso y final de la Almudena, este otro Retiro de Madrid, Retiro inverso con un clima que es también del otro mundo. Emilio Lorenzo, Ramón de Garcíasol, Leopoldo de Luis. Eulalia dice ante la tierra desguazada el epitafio que el poeta se hizo para sí mismo. Marcianos de la televisión y enterradores de sainete. Pienso en la vida de este matrimonio, lo que fué, larguísima, allá en el alto palomar de las palomas incunables. Cela de sombrero duro, el que llevó a Estocolmo. José García Nieto de sombrero negro y flexible. Enero, frío, Dámaso. Los viejos fotógrafos de Prensa que nos harán un día a todos la instantánea funeral y tenuemente gloriosa. Empezaron de muy jóvenes, enterrando famosos, y se les ve atrozmente veteranos de la calle, usados, entusiastas. Entre ellos está el que ha de hacernos esa foto borrosa y poco parecida que es la posteridad. Julián Marías. Me preguntan los periodistas: Dámaso era un señor que sabía mucho de palabras de alcoholes y de versos. Qué tres sabidurías. Qué fina alma de gordo. Carlos Bousoño, con jersey del joven poeta persa que fué. Fanny Rubio. Enero, frío, Dámaso. Emilio Marcos.

Se sale de la Almudena pasando por las tapias del cementerio civil, de un ladrillo carcelario, Alcalá/Meco o escuela pobre de los muertos:

Aquí está Zubiri , el teólogo, ya ves -me dice Cela.

De Dámaso Alonso ha escrito uno mucho toda la vida, y demasiado en estos días. Pierdo a un maestro, a un amigo y, lo que más voy a echar de menos, a un vecino. Eulalia vuelve a la casa con libros del XVII y cuadros de Eduardo Vicente. Cuadros madrileños. Pero era otro Madrid. Areílza con frío. El Dámaso pícaro de Alvaro Delgado.

Viajando ya por el centro, resulta que vamos hablando de bares: Ahora se ha puesto de moda un bar al que iba yo mucho en los años cincuentame dice Camilo. Entonces era suntuoso y se alternaba mucho. Lo fundó un amigo para bebérselo. Y quebró, claro. Parece que al Nobel se le va pasando la gripe momentánea del tiempo acumulado y la nostalgia fría. Le dejo en un café y vengo hacia mi casa para escribir esta columna.

Enero, frío, Dámaso. Madrid perdido en este siglo de siglas, que dijo él.

Era un señor que sabía de palabras de alcoholes y de versos. Tres musicales erudiciones que colman una vida. Esta mañana he orinado contra un árbol del cementerio.





jueves, 25 de mayo de 2017

Libro: Días sin escuela (1965)




"Lo que deseo decir es que yo tenía una espada de madera y quizá aquella fue la última espada del Reino de León. Habíamos llegado a la ciudad en una tarde de calor, en un tren de tercera, por la llanura castellana, hasta que las orillas del paisaje fueron poniéndose verdes, al llegar a la provincia. Cerca ya de la capital, había chopos y álamos en inesperadas formaciones, afilados, cortando la rica brisa del verano en largas rebanadas que entraban por las ventanillas del tren y nos daban en la cara y en el flequillo al otro chico y a mí".


Así comienza "Días sin escuela" un cuento-largo/novela-corta de Francisco Umbral.

Septiembre de 1965. Francisco Umbral recibe el premio del Concurso Literatura Novela Corta, convocado por la Excma. Diputación provincial con motivo del Vº Día Provincial de las comarcas leonesas (XI Certamen de exaltación de valores leoneses). 10.000 pesetas.

Descubrí el texto "Días sin escuela" en internet, en un pdf amarillento escaneado de una vieja revista con algunos dibujos y me pareció un cuento más de Umbral, tal vez un poco largo para ser un cuento/relato y no le di ningún valor hasta que lo he leído estos días y me ha sorprendido inesperadamente.

En aquel año, 1965, Francisco Umbral publicó sus primeros libros, o sea "Tamouré", "Balada de gamberros" y "Larra, anatomía de un dandi", es decir, un libro de cuentos, una pequeña novela y un ensayo, por eso entiendo que este relato, al que el autor colocó la palabra "Novela" debajo del título "Días sin escuela" inaugura lo que después fueron las novelas de la provincia y adolescencia de Umbral en Valladolid y que fueron muchas, desde "Las giganteas", "Las ninfas", "Los males sagrados" o "Memorias de un niño de derechas" y algunas más, como "El fulgor de África".

viernes, 19 de mayo de 2017

Libro: Las Giganteas



"La mañana iba madurando por dentro 
como un pomelo de luz fría" 

(Las giganteas, 1982) de FranciscoUmbral.

Libro: El fulgor de África




Un álbum de greguerías, un festival sinestésico de olores y colores, una colección de metáforas sobre los alimentos y líquidos que estaban en la despensa de la vieja casa familiar, desconcertando la tarde sombría. Así comienza "El fulgor de África", una novela de Francisco Umbral.



"EL APIO como un duende por la casa, el vino discurriendo en lagartijas rojas, los ajos como pedrisco, en toda la cocina, el pimentón en regueros, los caminos brillantes de la sal, como un paisaje ártico, los caminos sencillos del azúcar, casi como una procesión de hormigas blancas, los lagos enlagunados del vinagre, el serpentón del aceite entre las patas de las mesas y las sillas, un desperezamiento verde y lento, el colorido de las mermeladas, blancas, rojas, moradas, rosa, verdes, como un pintor despedazado, el espeso canal del chocolate, fluyendo hacia su propio grosor en oscuras penínsulas de perfume, toda la despensa en libertad, invadiendo la casa, viajando entre las tarimas y las alfombras, volviendo la cocina del revés, desconcertando la tarde sombría con luz verde de loro en aquella casa sin loros".

FRANCISCO UMBRAL, 1989